“Que Madrid invada La Castellana para mojar la copa es lo de menos. Que los andaluces, que se consideran más españoles que los españoles, ahoguen su alegría en las fuentes, cabe dentro de lo posible. Pero 10.000 personas entusiasmadas agitando banderas rojas y amarillas y gritando acompasados ‘España’ en las plazas de Barcelona –donde la alcaldía socialista no consideró oportuno instalar ni siquiera una pantalla gigante – fue inédito. Al igual que la congregación de un millar de seguidores en la Plaza de Moyúa en Bilbao donde se oyó gritar: ‘No estamos todos. Falta el lehendakari’”
“Sin duda hay que cuidarse de interpretar en demasía los acontecimientos deportivos. La embriaguez de la victoria es efímera. No puede ignorarse lo que se ha manifestado en España por la victoria en esta Eurocopa: un sentimiento común, la alegría de estar juntos y, ¿quién sabe? Incluso haya algunos que preferirían morir a confesarlo, hay algo que une… el orgullo de ser español” .